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Indignarse o morir (Luisa Marco Sola)

Una de las herencias más reseñables del 15M, y las líneas de su programa, son lugar a dudas sus lemas. Ayer volvieron a llenar las calles los “No somos mercancía en manos de políticos y banqueros”,  “Esta crisis no la pagamos” o el coreado “Lo llaman democracia y no lo es”.

Uno de ellos, “No podemos apretarnos el cinturón y bajarnos los pantalones a la vez”, sintetiza probablemente uno de los rasgos más propios de los españoles: nuestra capacidad para tomarnos a chirigota la crítica más seria sin que por ello pierda ni un ápice de su entidad.

La internacionalización del espíritu de Sol, la construcción de una Indignación global, acordada en una asamblea el 17 de junio en Madrid  puede considerarse todo un éxito. Las manifestaciones pacíficas se simultanearon en Barcelona, Sevilla, Lisboa, Berlín, Sídney o Roma (ésta no tan pacífica). El nuevo movimiento, ahora global, cuenta incluso con un propio medio de comunicación en el canal globalrevolution de livestream, donde se puede seguir en tiempo real actuaciones y opiniones en todo el orbe. La inmediatez y mundialización que supone la red dota a esta “revolución”  de una capacidad de actuación sin precedentes en la historia. Sin embargo, la falta de concreción de su programa sigue siendo su mayor lastre.

A la creciente avalancha de intelectuales que se han puesto a teorizar sobre loquequieraquesea el 15M se ha unido Zygmunt Bauman. Éste, premio Príncipe de Asturias y padre de la célebre “modernidad líquida”, advierte también del riesgo de que el 15M se termine disolviendo por su propia naturaleza. Su características intrínsecas de movimiento “emocional” y “horizontal” lo dotarían a su parecer de gran capacidad para destruir, pero muy escasa para construir.

Existe una innegable insatisfacción en la sociedad mundial. Existe un ansia de actuar conjuntamente y cambiar el mundo hacia una versión más justa del mismo, algo que resultaba inimaginable hace no tanto. Sería, por ello, total y absolutamente imperdonable no aprovechar esta oportunidad que se presenta.

Es momento de estructurar  un programa y unas líneas de acción reales y aplicables para que la única herencia del 15M no se limite a eslóganes atractivos y poco concretos.  Es un paso a dar con urgencia, antes de que el espíritu de Sol pase, simplemente,  a diluirse.

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Estaciones Revolucionarias (Luisa Marco Sola)

Apenas tres días después de que la policía de Manhattan arrestara a trescientas personas por cortar el puente de Brooklyn, ya algunos comentaristas comenzaban a referirse al Otoño de Nueva York. Nos encontraríamos así ante una nueva fase de las protestas que habrían empezado con la Primavera Árabe y se habían trasladado luego a Europa en eso que nosotros llamamos 15M y el resto del mundo Spanish Revolution.

Se dibuja de este modo a los ojos de los analistas globales un movimiento ciudadano mundial, una nueva revolución global, y, esta vez, una revolución 2.0 por el papel de las redes sociales en su convocatoria y organización. Internet ha logrado una verdadera alianza de civilizaciones, unidas lamentablemente en torno al hastío por el mundo que nos ha tocado habitar.

Y es que no parece tan claro que eso que estamos exportando al otro lado del Atlántico sea esperanza. Los logros de la Primavera Árabe parecen mayormente  prometedores, aunque la alegría que trasmiten las pegadas de carteles electorales a la espera de unas elecciones democráticas en Túnez no deben llevarnos a olvidar la guerra civil que todavía desangra la vecina Libia. La concesión del voto a las mujeres en los Emiratos Árabes ante el temor del contagio del virus democrático (que ha hecho caer en países cercanos  regímenes tan antiguos que se confundían con el propio Estado)  es una pequeña pieza en la construcción de  sistemas verdaderamente representativos. Pero falta un camino por andar.

Llegados a la porción occidental de las protestas, la valoración es todavía más difícil. Escuchar seis meses después del 15 de marzo las mismas reivindicaciones por boca de los mismos estratos sociales que se manifestaron en Sol sin que  se hayan alcanzado logros concretos y sustanciales no invita al optimismo.  Invita a pensar que nos encontramos ante un sistema demasiado atrófico para digerir ningún tipo de reforma sustancial.

¿Qué perspectivas se presentan para este movimiento, que no es más que la desazón de una generación entera? ¿Qué nos espera en el invierno de esta revolución?

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Paul Krugman

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