Pecado Original. Luisa Marco Sola

La disyuntiva ante la que se encuentra la directiva de Podemos en estos momentos puede ser de todo menos irrelevante. Según las informaciones publicadas por El Mundo, uno de sus dirigentes más emblemáticos, Íñigo Errejón, habría estado cobrando un sueldo como becario de investigación al mismo tiempo que un sueldo del partido. Todo ello de espaldas a que su contrato como investigador le impedía la percepción de ningún otro tipo de retribución. Y unido a los dudosos criterios que se siguieron a la hora de concederle la beca y las dificultades que de momento ha mostrado para probar que realmente estuviese realizando tal investigación.
Ante las cuantías que se han ido destapando en los diversos escándalos de corrupción política, la cuestión de la beca de investigación concedida por la Universidad de Málaga a Íñigo Errejón podría parecer una cuestión menor. Pero si tal fuera la conclusión a la que llegan los dirigentes de Podemos, formación a la que pertenece Errejón, tras la reunión en la que se han encerrado durante el presente fin de semana, se equivocan.
La fuerza de Podemos, más allá de su programa, ha residido en su virginidad. Gente nueva, pura, alejada de las élites corruptas, que ellos mismos bautizaron con el exitoso término “casta”. Esa pureza, y no otra cosa, ha sido lo que les ha permitido canalizar el descontento y el hastío de una sociedad iracunda con su clase política. Ellos eran, en definitiva, algo diferente y nuevo, sin ningún tipo de relación con las corruptelas que han sumido a España el colapso económico.
Acerca de estas cuestiones, circula el pensamiento de que sólo existen dos tipos de españoles: los que han robado y los que no han tenido la ocasión. Y precisamente, acerca de esa ocasión gira la dramática cuestión a la que se enfrenta Podemos como formación en estos instantes. A falta de más informaciones, ante la ocasión de beneficiarse de una beca de investigación adjudicada en circunstancias poco claras, Errejón habría aprovechado la ocasión. Y cuando, poco después, hubo de simultanear dos salarios que sabía incompatibles por ley, también habría podido más la ocasión.
No se trata de cuantías, que son insignificantes, se trata de definirse, ahora precisamente y no en ninguna otra ocasión, como grupo. Definir si pesan más las lealtades ya creadas o la ética de conjunto. Y, más importante, definir si el respeto por la sociedad española es tan real como para ofrecer explicaciones y pruebas contundentes sobre la cuestión, y no simplemente escudarse detrás de frases vacías y ya conocidas.
Referida a la Alemania Nazi, una de las expresiones más interesantes de la obra de Anna Harendt fue sin duda la de “colapso moral”. Un colapso similar, aunque a menor escala, es el que puede ayudarnos a entender el modo en que España se fue sumiendo en la crítica situación en que nos hayamos. El modo en que el conjunto de la masa social, y especialmente sus élites y los legisladores han actuado con exceso de permisividad ante la corrupción ha sido el motor de la ruina.
La duda acerca de sindicatos y partidos ha derivado en un relativismo moral y en desconfianza hacia el prójimo, que desemboca en un individualismo atroz que ha imposibilitado una movilización colectiva efectiva. Con ello, sorprendentemente, la imposición teórica del liberalismo más inhumano ha coincidido con el colapso de la izquierda en el país.
En este escenario, y de este escenario, nació Podemos. Blandiendo además como emblema que proceden de la universidad y de la sociedad. Ahora es el momento de mostrar si representan, o no, lo más rancio y pernicioso de esa sociedad y de esa universidad.

VAN DOS AÑOS…..(Daniel Ruelas)

En días pasados, Enrique Peña entregó al Congreso su Segundo Informe. Han pasado dos años desde el regreso del PRI y en honor a la verdad, se han ido bastante rápido. Considero que es un momento oportuno para hacer un primer balance de daños y de logros.

Así a bote pronto, no se puede decir que el retorno del PRI haya representado el desastre que muchos temían. Es más, es un hecho que Peña Nieto ha podido recomponer la imagen que muchos teníamos de él. La noción del galán de telenovela sin nociones de cómo conducir un país se ha esfumado a golpes de habilidad política. Cierto que los deslices – aquel de la FIL de Guadalajara y dos o tres lapsus al momento de pronunciar un discurso – ahí quedan, y para bien o para mal, ya pasaron formar parte del folclor más popular de este país, ese que los mexicanos usamos en reuniones familiares o con amigos para que aflore la vena sarcástica que tanto nos distingue.

Pero no hay duda que este gobierno ha tenido logros, al menos, en el papel. En dos años, el “muñequito de sololoy” ha construido alianzas a la derecha, al centro o la izquierda, según ha convenido para sacar adelante las mentadas reformas estructurales que, a decir de los expertos, necesitaba México para explotar a cabalidad su potencial e insertarse de una vez por todas en el ámbito de los países más competitivos. Ahí están las reformas laboral, energética, educativa y de comunicaciones. Nadie lo niega.

Ya se sabe, sin embargo, que el diablo está en los detalles. Y en México los detalles cuentan mucho, tanto, que pueden ser la diferencia entre la intención y la acción. Ahí está la reforma educativa, si, pero me gustaría saber, para cuándo vamos a tener a más maestros realmente capacitados impartiendo clases en un aula. Todos los días se habla de los desmanes de Oaxaca y Guerrero en contra de la reforma, se tienen noticias de manejos turbios al momento de aplicarla en otros Estados que según sí la acataron y los ciudadanos de a pie, nunca mejor dicho, no vemos claro. Se supone que la reforma es para dotar a México de una educación de primer mundo, y así nada más no vamos a ningún lado. Así podemos seguir hablando de la energética y preguntar cuándo veremos el bajón sustancial en los precios de los servicios de combustibles, gas y electricidad. O cuándo nos moveremos realmente en un mercado laboral más equitativo y flexible. Esto sin olvidar la política en materia de seguridad, que sigue vagando sin rumbo fijo, y hasta el anuncio, hecho ayer con bombo y platillo, de nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Desde luego que su construcción es necesaria. pero no puedo evitar acordarme de que un tal Vicente Fox, allá por el 2001, ya sacó a relucir el tema y todo quedó en letra muerta. Tengo que decir, no obstante, que el hecho de que el nombre de Norman Foster esté involucrado en el proyecto que se presentó ayer me tranquiliza un poco. Pero así y todo, estamos en México. Y en México el aplicar aquel principio a lo Lampedusa de cambiar todo para que todo siga igual es costumbre muy arraigada. En tus manos está cambiarla, mi buen Copetín. No nos defraudes, que para eso te pagamos. A trabajar se ha dicho.

Entresijos del teatro político (Luisa Marco Sola)

El cruce de improperios y querellas entre Esperanza Aguirre y Pablo Iglesias esta resultando fascinante. 

No estoy de acuerdo con ninguna de las posturas políticas de Esperanza Aguirre ni con sus comportamientos. Pero le reconozco que es una gran estratega. Lo ha demostrado y lo sigue haciendo. Afirmar que Podemos empleaba las estrategias propagandísticas del nazi Goebbels y el comunista Münzenberg es una sandez. Y ella lo sabe. Sabe además que se trata de una sandez tan ostentosa que cualquier votante de izquierdas se va a rebelar al escucharla. Y se va a sentir por solidaridad cercano a Podemos, víctima de una afirmación tan malintencionada. 

Ese votante ofendido, sin embargo, difícilmente -o en una mínima proporción- forma parte de  potenciales votantes del PP en las próximas elecciones nacionales. No. Son, en su amplia mayoría, como decimos, votantes de izquierdas, mayoritariamente del PSOE. Con ello, las simpatías hacia Podemos lo que logran es restar votantes al PSOE, hoy por hoy la única fuerza capaz de medirse con el PP. Interesa una izquierda dividida. Y, para ello, un nuevo actor en juego es un regalo inesperado caído del cielo. Y me temo poderosamente que Esperanza Aguirre controla a la perfección esta circunstancia.  

Al otro lado del campo de batalla, Podemos también hace gala de un profundo conocimiento de la ciencia política. A su estudio se dedicaban hasta ahora sus líderes, de hecho. Por ello, saben que no es lo mismo estar en la oposición que estar en el gobierno. No es lo mismo aspirar a estar en la oposición que aspirar a estar en el gobierno. Y no es lo mismo, por último, un programa de gobierno que un programa de oposición. Y son perfectamente conscientes.

Pero ha de parecer siempre que se aspira a gobernar, cualquier otra postura tendría costes electorales. Ha de parecer que “se puede”, aunque entre bambalinas se sea consciente de que no se puede, ni se quiere ni se pretende. Sus propuestas son impracticables para ser puestas en práctica, y no creo que tal cosa se les escape. Pero sí son enormemente efectivas para sumar votos de ciudadanos descontentos, que, lamentable y comprensiblemente, abundan. 

Al mismo tiempo, la confrontación con el Partido Popular les hace ganar presencia entre ese “voto útil” que optaba por el PSOE por ser la única alternativa real al PP. Y que les puede ayudar a consolidarse como oposición con aspiraciones de perdurabilidad. Les conviene alimentar la polémica a ambos contendientes en liza, en resumen. En un cuidado papel de enemigos amantísimos confluyen en el interés de debilitar a un PSOE al límite de sus fuerzas, unos para heredar sus votos, otros para debilitar a su eterno rival.

Tal es el mundo que nos ha tocado vivir. El espectáculo debe continuar. 

Un Mundial diferente… (Daniel Ruelas)

El domingo llega a su fin el Mundial 2014. Volvemos a la normalidad, después de ese mes loco de cada 4 años, cuando incluso los profanos se transforman en aficionados de viejo cuño, de esos que analizan el fútbol y se comen las uñas cuando se llega a las instancias finales.

Si tuviera que definir este Mundial en pocas palabras, me bastan 2. Es diferente y es paradójico. Es diferente porque se disputó en un país que es símbolo del fútbol mundial, que en las últimas décadas lucha por ser y parecer de Primer Mundo, y cuyas carencias y tensiones, todavía muy evidentes, se pusieron de manifiesto durante el torneo. Yo no estuve en Brasil, pero alcancé a leer y escuchar rumores que hablan de precios prohibitivos, infraestructuras algo deficientes y mala organización. Aparte de las protestas y desmanes que se dieron antes y durante los primeros días de la competencia. Muchos dicen, y me figuro que con razón, que el Mundial tendrá un costo político muy alto para quienes compitan en las próximas elecciones presidenciales, y más ahora que Brasil no será campeón. Mi experiencia en Mundiales es relativamente corta, pero nunca había yo visto una Copa del Mundo tan ligada a la política como ésta, donde la gran perdedora quizá se llame Dilma Roussef. Por eso este Mundial resultó tan diferente.

Si me pongo a analizar el plano estrictamente futbolístico, veo una gran paradoja. Fue un Mundial donde nadie ha brillado mucho, y donde varias potencias estuvieron muy por debajo de su nivel. Lo curioso es que algunos entendidos han definido Brasil 2014 como uno de los mejores Mundiales de la historia. Yo no estoy de acuerdo y me pregunto qué criterios se usan para sustentar esa afirmación. Casi ninguno de los partidos disputados hasta ahora ha resultado especialmente brillante o memorable. Dos históricos, como Italia y Brasil, mordieron el polvo de fea forma, el primero exhibiendo un juego ramplón y sin ideas, y el segundo remando a contracorriente de su historia, y olvidándose del buen toque de balón y del talento individual como bandera. Fue el torneo donde España dejó constancia de que el gas se le acabó y de que sus éxitos son, quizá, fruto de una generación de futbolistas muy bien trabajada, a la que no pudo o no supo dar continuidad. Fue el torneo donde los llamados a ser “caballos negros”, Bélgica y Colombia, tejieron a ratos un juego interesante, pero fallaron a la hora oportuna y se quedaron en mera anécdota. Fue el torneo en que nuestra Selección Mexicana se presentó, una vez más, como un equipo carismático y animador en primera ronda, y donde una vez más, falló de forma lamentable cuando estaba a punto de vencer en un partido importante a un rival importante. Un rival, por cierto, que se mantuvo fiel a su historia y se volvió a quedar en la orilla. Fue un Mundial donde hasta los arbitrajes fueron en muchas ocasiones tendenciosos y discutibles. Fue un Mundial donde hubo, si, una gran cantidad de goles, pero donde los dos finalistas han sido irregulares, donde ha habido partidos muy poco estéticos y donde realmente cuesta trabajo encontrar una lista de los mejores goles. Muy pocas cualidades para un Mundial que pretende ser de los más recordados de la historia.

En medio de toda esta vorágine, resulta que el campeón va a salir de entre los de siempre. O Alemania o Argentina. Tricampeón y bicampeón, con 11 finales disputadas entre ambos hasta antes de este domingo, y con dos enfrentamientos directos previos en una Final. Si tuviera que arriesgar un pronóstico, voy con Alemania, un equipo que ha aprendido a tocar bien el balón y ha mezclado el buen toque con su potencia física de siempre, de tal manera que ha enriquecido aún más su historia al meterle siete goles a Brasil en semifinal y en su propia casa. Creo que tiene argumentos para ser campeón y según leo en la prensa, es el favorito. Pero enfrente tendrá un rival que, si bien ha jugado por debajo del nivel que muchos le suponemos, está acostumbrado a juegos de alta tensión, con jugadores de talla mundial, cancheros y si, mucho mejor dirigidos que hace 4 años. Sea cual sea el desarrollo del juego, apuesto que Argentina no será Brasil y en ningún momento va a derrumbarse al grado de recibir 4 goles en once minutos. Será una Final equilibrada, que quizá se resuelva por una genialidad o una circunstancia inesperada, como viene ocurriendo desde 2002. Suerte a ambos. Nos vemos en Rusia 2018.

Mais uma vez, agora no Brasil… (III) (Daniel Ruelas)

Hoy me gustaría cerrar, hasta nuevo aviso, el tema tan candente de la Selección Nacional. Visto lo visto, yo si creo que lo indicado es la continuidad del Piojo Herrera. Es más, me atrevo a asegurar que lo veremos en el banquillo tricolor en Rusia 2018, a menos que sufra alguna alteración increíble en su personalidad, se aburguese y se encierre en si mismo. Ése fue el pecado del Chepo de la Torre, cuya soberbia y rigidez lo traicionó y lo llevó a tirar por la borda dos años de buenos resultados. Si Herrera continúa como se mostró estos seis meses, con esa habilidad para generar buena química en el vestuario y con una propuesta clara de juego, no veo por qué no darle la oportunidad de trabajar un proceso completo.

Lo que si, tengo que formular una sola observación, y creo que estarán de acuerdo conmigo. Más allá de sus incuestionables méritos, el Piojo falló en el mismo momento y en la misma forma que todos sus antecesores. El pecado fue muy simple, no arriesgar, no jugar a tope, no echar toda la carne al asador cuando era necesario para amarrar el juego y dar ese pasito que desde hace 20 años nos ha faltado. Al menos ya lo reconoció, ya dijo públicamente que faltó malicia para, al menos, conservar ese 1-0 cuando todo estaba a favor. Pero eso no justifica su error; también confesó que echó al equipo atrás y yo me sigo preguntando que pretendía con eso. En el fútbol, quien juega a no perder siempre pierde y más cuando hay diferencia de calidad entre los contendientes. Al Piojo se le olvidó que los logros que a últimas fechas ha tenido el fútbol mexicano se deben a que la Selección. en cualquier momento y en cualquier categoría, no bajó los brazos en el momento importante. Mi querido Piojo, ¿qué hubiera pasado si en vez de seguir jugando igual, el equipo se echa atrás aquella tarde de agosto en Londres porque al minuto 1 consiguió el 1-0? De seguro la medalla no sería de oro. ¿Y si en el 94 se hacen cambios agresivos o en el 98 no se entra en pánico por haber fallado un gol claro, y se sigue jugando igual? Tendríamos lo que hoy lloramos desde entonces. O sea que el famoso “quinto partido” no es tarea imposible, ni es una maldición eterna, ni tenemos porque conformarnos con los Octavos. Se trata de que en Mundial hay que disputar cada minuto al tope de tu capacidad. Los partidos tienen 90 minutos, no 48 ni 70. Si eres capaz de asimilar esta lección tan sencilla, seguro que eres capaz de ir más allá que otros y con suerte, hasta nos conviertes en un grande. En uno de esos que son capaces de ganar a pesar del arbitro y que nunca se entretienen culpándolo. De ti depende. Tienes el beneficio de la duda, y una oportunidad más para demostrar que a los mexicanos no nos tiemblan las rodillas. Ya fallaste una vez. Si nos arriesgamos a confiar nuevamente en ti, no lo tires por la borda. Mucha suerte.

Mais uma vez, agora no Brasil (II) (Daniel Ruelas)

Y se acabó. Una vez más, nos estrellamos en los Octavos de Final. Los malditos Octavos. Ahora por todo el país se alza el clamor de que fue un robo, que si Arjen Robben es un teatrero, que si las cuchilladas del árbitro….

Yo no estoy de acuerdo. Creo, aunque suene increible, que el equipo mexicano tuvo ni más ni menos lo que se merecía, la derrota. Me atrevo incluso a afirmar que hasta la forma de perder, tan cruel, era más que merecida. Y no lo digo a la ligera. Creo que México mereció perder por la misma razón que Chile el sábado pasado: porque no supo meter el partido al escenario que le convenía para poder ganarlo. Y tenía todo para hacerlo.

Vamos paso a paso. De entrada, puedo decir lo mismo que también se ha dicho en la prensa y agradecer a los jugadores, y declarar que, visto objetivamente, se hizo un Mundial aceptable. Puedo incluso ir más lejos y declarar que, en los últimos veinte años, el futbol mexicano ha dado un salto de calidad impresionante, al grado de que, tomando como referencia el año de 1993. de todos los torneos de cierta importancia avalados por FIFA, sólo nos faltan el Mundial Sub 20, la Copa América y desde luego, el Mundial de mayores, para presumir de haberlo ganado todo.

De 1993 a la fecha, hemos ganado una Copa FIFA Confederaciones, dos Mundiales Sub 17 y una medalla de oro olímpica. Completan el palmarés un subcampeonato Sub 17, un tercer lugar Sub 20, dos subcampeonatos y tres medallas de bronce en Copa América. Y desde luego, seis calificaciones consecutivas a Octavos de Final en Mundiales absolutos. Nada mal para un país que, antes de aquel año de gracia de 1993, era visto y con razón, como uno de los patitos feos del futbol mundial. Insisto, es indudable que algo hemos hecho bien a últimas fechas.

Pero también es indudable que nos falta dar ese brinquito que separa a los equipos buenos o muy buenos de los verdaderamente grandes. Y es frustrante, porque oportunidades no nos han faltado. Desde 1994, hemos desperdiciado al menos cuatro oportunidades claras de ir más allá de los octavos de final, con la consiguiente posibilidad de llegar verdaderamente lejos. Pudimos haberlo logrado, aunque tuviéramos enfrente equipos que nos superaban en potencial y calidad, como Alemania en el 98 o ayer Holanda. Y si no ganamos, no fue porque esos equipos nos aplastaran de repente. No ganamos porque tuvimos miedo a ganar. En las dos ocasiones que he citado teníamos la ventaja, y teníamos todo a favor para salir con la victoria. Pero en cierto momento, nos vinimos abajo y más que otra cosa, permitimos que nos pasaran por encima. Bajamos los brazos. Experimentamos la dolorosa paradoja de hacerlo precisamente cuando teníamos la ventaja. Cuando el otro equipo, por muy Alemania u Holanda que se llamara, estaba desconcertado y con el tiempo en contra. Era el momento de dormir el juego, de tener la pelota y de seguir preocupando al rival, para no darle tiempo a reaccionar. Pero no quisimos, porque no nos la creemos. Al parecer, nos asusta comprobar que si somos capaces de tener en la lona a equipos grandes o semigrandes. Y entonces perdemos la brújula. Por eso al final cargamos siempre con la derrota, porque en vez de matar la víbora preferimos jugar con ella y confiar en la suerte de que no nos morderá. Y yo digo que de esto no tiene la culpa el árbitro, por mucho que se insista en ello.

Termino diciendo que, como al menos en ciertos niveles ya se demostró que si se puede, para el ciclo mundialista que hoy inicia se debe trazar un plan de trabajo con objetivos claros y ambiciosos. No estaría mal establecer, así con todas sus letras, el objetivo de ser campeones del mundo Sub 20 en 2015 y de refrendar la obtención de una medalla en los Juegos Olímpicos de 2016, y considerar todo lo que sea distinto como un fracaso. Semejante proceder puede parecer pretencioso, pero para llegar alto hay que creérsela, aunque no caer en fanfarronerías baratas. A nivel de mayores, se podría empezar por aprovechar las fechas FIFA para pactar amistosos de alto nivel y por no bloquear las posibles salidas a Europa si se llegan a presentar ofertas por alguno de los jugadores que actuaron en Brasil, así como trazarse, también con todas sus letras, la obtención de la Copa América en Chile 2015. Y desde luego, no perder el rumbo y continuar con el trabajo que, de forma aceptable, se viene haciendo desde las categorías inferiores, para garantizar un equipo competitivo y compacto en Rusia 2018. Si hacemos todo esto, es muy posible que dentro de 4 años lleguemos al quinto partido y más allá a pesar de los árbitros. Mi querido Piojo, señores directivos: tomen nota de todo esto. Quizá les sirva.

Mais uma vez, agora no Brasil…….. (Daniel Ruelas)

En México, a Dios gracias, no todo son malas noticias. Cierto que estos dos últimos años han sido, en plano político y social, una desilusión constante. Tenemos un gobierno que ha tenido, como suele decirse por aquí, arrancada de caballo brioso y llegada de burro cansado. Tras unos primeros meses en los que cada día se anunciaban nuevos proyectos cargados de buenas intenciones, el Gel-Boy y su pandilla han puesto de manifiesto su absoluta incapacidad para proponer alternativas que nos permitan superar el estancamiento y colocar de una vez por todas a México en camino al desarrollo. Me temo que vamos a llegar a 2018 igual que como estamos hoy. Y no me gusta.

Todo esto, sin embargo, es un tema ajeno al que me propongo desarrollar hoy. O puede que no tanto. El tema de hoy es el mundial de futbol y la oportunidad que tiene la Selección Mexicana de hacer historia. Otro Mundial. Otra oportunidad. Desde 1994 nos hemos estrellado en la fase de octavos,y casi siempre contra huesos muy duros de roer. Nombres como el de Alemania o Argentina lo dicen todo. Hoy la piedra se llama Holanda y tampoco será fácil. Es un gran equipo, de tradición, que es capaz de tejer un juego de alto nivel y con jugadores, sobretodo delanteros, de mucho renombre.

Pero yo le tengo confianza a México. No sé por qué. Quizá es que este grupo, que llegó a Brasil con el papel de víctima y sumergido en un mar de dudas, ha sacado pecho y acaso, ha desplegado el futbol más interesante que se le ha visto a México desde 1998. Lo cual, de paso, le ha permitido mantener la sana costumbre de exhibir el progreso sostenido que ha experimentado el futbol mexicano en los últimos 20 años. Se decía ayer en los medios que México es uno de los tres equipos que desde 1994 no ha sido eliminado en primera ronda. Bueno. Algo habremos hecho bien.

La tarea pendiente son los Octavos. Es nuestro techo. Nuestra misión imposible. Ojalá el domingo rompamos la barrera. Sería muy bueno despachar a un equipo con el potencial y el cartel de Holanda, porque ya tendríamos licencia para soñar con hacer verdaderamente historia en 2014. Pero sobretodo, porque nos permitiría cerrar con broche de oro un ciclo mundialista que pese a romper un proceso, una mala Confederaciones y una pésima eliminatoria, también incluye un título y un subcampeonato sub-17, un tercer lugar sub 20 y una medalla de oro olímpica. O sea que se tiene enfrente una oportunidad inmejorable para hacer patente un progreso que ya se ha manifestado con creces en categorías inferiores. Y de paso, para ganarse de forma definitiva la simpatía de muchas otras aficiones. Algo que, si no me equivoco, México ya se ha acostumbrado a hacer. Yo veo en la unión de grupo y en la indiscutible calidad de nuestros jugadores armas suficientes para competir dignamente y aspirar a la victoria. Venga, chicos. Si estamos estancados en otras cosas, que al menos nuestro futbol dé un paso al frente. De ustedes depende hacer historia. Ahora es cuándo. Sí se puede.

Coyunturas y monarquías (Luisa Marco Sola)

Las coyunturas importan, determinan y estrangulan si no se las tiene en cuenta. Negarlo es mentir con consciencia de hacerlo. Y eso es precisamente lo que se está haciendo desde la Casa Real a propósito de la abdicación de Juan Carlos I. 

Obviamente la posibilidad de una abdicación se barajaba en los círculos cercanos a la Corona en los últimos tiempos. A su mala salud se unía una impopularidad tal que amenazaba con nublar incluso los innegables méritos cosechados por el monarca durante la Transición. 

Pero, muy por encima de ello, dos han sido los requisitos que han marcado los ritmos. En primer lugar, la necesidad de una mayoría absoluta en las cámaras para aprobar la Ley de Abdicación y la proclamación del nuevo monarca. En segundo, y no menos relevante, el interés en lograr para el rey saliente un estatus de    inmunidad judicial o, al menos, de aforamiento. Condición irrenunciable ante la creciente sospecha de la implicación personal del rey en diversos escándalos y prácticas anómalas. 

Con todo ello, era necesario un contexto como el actual, con el Partido Popular asegurando la necesaria mayoría parlamentaría y propiciando dicha inmunidad para el monarca saliente. Y es  que es poco probable que tal situación se repita en el futuro cercano, a la vista de los resultados de las elecciones europeas. Todo indica, el tiempo lo dirá, que los futuros parlamentos ofrecerán un panorama mucho más dividido. Y, con ello, poco favorable a amaños rápidos y sigilosos como el que se pretende ahora. 

La fecha finalmente escogida, como se ha dicho, no es la mejor posible. Efectivamente, la imagen de la Corona no atraviesa su mejor momento. Pero es, sin lugar a dudas, la mejor de las fechas por venir. Todo ello para intentar, in extremis, una jugada maestra que dé continuidad a la institución.

La encrucijada tricolor (Daniel Ruelas)

Hace algunos años, Octavio Paz publicó un ensayo titulado PRI: Hora Cumplida, cuya tesis central era que el modelo del corporativismo y el “ogro filantrópico” con que el PRI había gobernado México durante siete décadas estaba próximo a agotarse y que era necesario – y previsible – un triunfo de la oposición. Paz escribió esto en fecha próxima a la elección de 1988. Polémicas aparte, la predicción tardó doce años en cumplirse. No fue sino hasta el año 2000 cuando el PRI, un poco forzado por las circunstancias, entregó el poder al PAN.

Los años que van de 2000 a 2012 fueron, a mi entender, una oportunidad desperdiciada por el priismo. Y es que el partido acostumbrado a ejercer el monopolio del poder no se encontró nunca cómodo en el seno de la oposición. Se dedicó sistemáticamente a poner piedritas en el camino del nuevo gobierno federal, con el objetivo de recuperar la Presidencia que consideraba suya. El resultado, creo haberlo afirmado antes, fueron doce años de parálisis, confusión y expectativas destrozadas.

En julio pasado, el PRI recuperó la Presidencia. El proceso no estuvo exento de dificultades. Recuerdo bien los temores que suscitaba entre la ciudadanía un posible triunfo priista. Muchos alegaban que significaría un retroceso a los viejos tiempos, al corporativismo, a la corrupción generalizada. Esto con el añadido de un candidato con pinta más de galán de telenovela que de político, cuyos frecuentes dislates constituían el hazmerreir de buena parte de la opinión pública. Sea como fuere, y merced a muchas circunstancias, el PRI obtuvo la tan ansiada victoria.

De entonces a la fecha ha transcurrido casi un año y no creo equivocarme si digo que millones de mexicanos, pese a las señales mandadas por el Gobierno de Peña Nieto, no vemos claro. El tiempo se le ha ido entre declaración de intenciones y obstáculos inesperados. Del tan traido y llevado Pacto por México a la detención y captura de la maestra, hay muchas cosas que no cuajan. Las “95 tesis” siguen estancadas en el escritorio, a la espera de un verdadero acto de civilidad política. La detención de Elba Esther, que tanto ruido ocasionó y que destapó la Caja de Pandora del antiguo priismo, no ha derivado todavía en la prometida y tan necesaria reforma educativa. La reforma energética, que equilibraría las finanzas públicas, sigue enfrentándose a prejuicios que en el Siglo XXI suenan a antediluvianos. A todo esto hay que añadir los recientes escándalos de Humberto Moreira en Coahuila y Andrés Granier en Tabasco, que reviven para mal lo peor del peor priismo. Sin olvidar el infantil berrinche electoral que protagonizó Castro Trenti en Baja California.

En resumen, el PRI se halla frente a una encrucijada histórica. Debe elegir entre seguir mostrando las carencias de siempre o renovarse y entrar en la dinámica que le exige la sociedad mexicana del Siglo XXI, mucho más participativa y vigilante que la de tiempos pasados. Debe convencer, con palabras y con hechos, de que ya no es el mismo de antes. No es fácil, es cierto, puesto que para lograrlo debe modificar su esencia y allí hay mucho de estructura podrida y enquistada. Pero no hay otro camino. Está en juego su supervivencia política y más aún, el destino de México. Y no queda mucho tiempo. Para Peña Nieto y demás actores, ésta es la primera llamada de atención, primera.

Sarajevos. Luisa Marco Sola

En estos momentos, el destino último donde va a refugiarse finalmente Edward Snowden es todavía una incógnita. Su súbito ataque de ética al revelar los programas de espionaje masivo e indiscriminado de los servicios secretos americanos ha ocasionado tanto un escándalo internacional como varios conflictos diplomáticos. 

Su nombre se une a una selecta lista.  En ella figuran ya Hervé Falciani, exempleado de HSBC que gracias a la información que proporcionó sobre 130.000 cuentas en Suiza puso al descubierto un gigantesco fraude fiscal; el soldado Bradley Manning, quien puso a la luz  documentos clasificados sobre la guerra en Afganistán; y, el más mediático, Julian Assange, fundador de Wikileaks a la vez que de esta corriente de disidencia global que se alimenta de filtraciones de información sensible o confidencial. Insospechadamente, unos pocos electrones libres han puesto al descubierto la forma en la que realmente funciona nuestro mundo. 

Y ya ni siquiera está tan claro que nosotros seamos los buenos de esta historia. Especialmente si tomamos en consideración que cada año se producen cientos de muertos a causa de los drones que EEUU envía sistemáticamente a zonas afganas y pakistanis. Y que la cifra va de modo imparable en aumento. Evidentemente, Obama no es Bush. Pero no está tan claro que no sea algo mucho peor. Es lo que tienen las aguas mansas. Y la falta de valor para cambiar comportamientos y actitudes ya sistémicos en el gigante americano. 

Claro que, en estas consideraciones, ¿qué significa ese “nosotros”? Visto en profundidad, ni tan siquiera parece indiscutible que los ciudadanos occidentales formemos un bloque uniforme con nuestros gobernantes. En virtud de esta guerra episódica que nuestros líderes dicen librar contra el terror, nuestros más fundamentales derechos están siendo violados impunemente. Y no solamente el derecho a la privacidad, que últimamente ha centrado nuestra atención, sino el derecho a la libre circulación o a la integridad física y moral (no lo olvidemos, también hay occidentales en Guantánamo y en instalaciones similares). 

Más que un status quo, deberíamos preguntarnos si la actual ordenación geoestratégica del mundo no comienza a parecer una especie de nueva mitología que justifica la perpetuación en el poder de unas minorías dominantes cada vez más carentes de argumentos, y más y más alejados de sus propios electores. Se mueven y actúan dentro de sus propias incoherencias, entre su derecho a acceder a toda la información a la vez que se persigue a aquellos que la revelan. Estos decepcionantes nuevos gobiernos tiránicos globales se deben a sus ciudadanos a la vez que los oprimen con un reeditado discurso del terror. 

Se trata de políticas altamente irresponsables, al mismo tiempo, dado que nada puede garantizar que no exploten a largo plazo nuevos conflictos globales. No lo olvidemos, siempre hay un Sarajevo.

Paul Krugman

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