Un Mundial diferente… (Daniel Ruelas)

El domingo llega a su fin el Mundial 2014. Volvemos a la normalidad, después de ese mes loco de cada 4 años, cuando incluso los profanos se transforman en aficionados de viejo cuño, de esos que analizan el fútbol y se comen las uñas cuando se llega a las instancias finales.

Si tuviera que definir este Mundial en pocas palabras, me bastan 2. Es diferente y es paradójico. Es diferente porque se disputó en un país que es símbolo del fútbol mundial, que en las últimas décadas lucha por ser y parecer de Primer Mundo, y cuyas carencias y tensiones, todavía muy evidentes, se pusieron de manifiesto durante el torneo. Yo no estuve en Brasil, pero alcancé a leer y escuchar rumores que hablan de precios prohibitivos, infraestructuras algo deficientes y mala organización. Aparte de las protestas y desmanes que se dieron antes y durante los primeros días de la competencia. Muchos dicen, y me figuro que con razón, que el Mundial tendrá un costo político muy alto para quienes compitan en las próximas elecciones presidenciales, y más ahora que Brasil no será campeón. Mi experiencia en Mundiales es relativamente corta, pero nunca había yo visto una Copa del Mundo tan ligada a la política como ésta, donde la gran perdedora quizá se llame Dilma Roussef. Por eso este Mundial resultó tan diferente.

Si me pongo a analizar el plano estrictamente futbolístico, veo una gran paradoja. Fue un Mundial donde nadie ha brillado mucho, y donde varias potencias estuvieron muy por debajo de su nivel. Lo curioso es que algunos entendidos han definido Brasil 2014 como uno de los mejores Mundiales de la historia. Yo no estoy de acuerdo y me pregunto qué criterios se usan para sustentar esa afirmación. Casi ninguno de los partidos disputados hasta ahora ha resultado especialmente brillante o memorable. Dos históricos, como Italia y Brasil, mordieron el polvo de fea forma, el primero exhibiendo un juego ramplón y sin ideas, y el segundo remando a contracorriente de su historia, y olvidándose del buen toque de balón y del talento individual como bandera. Fue el torneo donde España dejó constancia de que el gas se le acabó y de que sus éxitos son, quizá, fruto de una generación de futbolistas muy bien trabajada, a la que no pudo o no supo dar continuidad. Fue el torneo donde los llamados a ser “caballos negros”, Bélgica y Colombia, tejieron a ratos un juego interesante, pero fallaron a la hora oportuna y se quedaron en mera anécdota. Fue el torneo en que nuestra Selección Mexicana se presentó, una vez más, como un equipo carismático y animador en primera ronda, y donde una vez más, falló de forma lamentable cuando estaba a punto de vencer en un partido importante a un rival importante. Un rival, por cierto, que se mantuvo fiel a su historia y se volvió a quedar en la orilla. Fue un Mundial donde hasta los arbitrajes fueron en muchas ocasiones tendenciosos y discutibles. Fue un Mundial donde hubo, si, una gran cantidad de goles, pero donde los dos finalistas han sido irregulares, donde ha habido partidos muy poco estéticos y donde realmente cuesta trabajo encontrar una lista de los mejores goles. Muy pocas cualidades para un Mundial que pretende ser de los más recordados de la historia.

En medio de toda esta vorágine, resulta que el campeón va a salir de entre los de siempre. O Alemania o Argentina. Tricampeón y bicampeón, con 11 finales disputadas entre ambos hasta antes de este domingo, y con dos enfrentamientos directos previos en una Final. Si tuviera que arriesgar un pronóstico, voy con Alemania, un equipo que ha aprendido a tocar bien el balón y ha mezclado el buen toque con su potencia física de siempre, de tal manera que ha enriquecido aún más su historia al meterle siete goles a Brasil en semifinal y en su propia casa. Creo que tiene argumentos para ser campeón y según leo en la prensa, es el favorito. Pero enfrente tendrá un rival que, si bien ha jugado por debajo del nivel que muchos le suponemos, está acostumbrado a juegos de alta tensión, con jugadores de talla mundial, cancheros y si, mucho mejor dirigidos que hace 4 años. Sea cual sea el desarrollo del juego, apuesto que Argentina no será Brasil y en ningún momento va a derrumbarse al grado de recibir 4 goles en once minutos. Será una Final equilibrada, que quizá se resuelva por una genialidad o una circunstancia inesperada, como viene ocurriendo desde 2002. Suerte a ambos. Nos vemos en Rusia 2018.

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