Mais uma vez, agora no Brasil… (III) (Daniel Ruelas)

Hoy me gustaría cerrar, hasta nuevo aviso, el tema tan candente de la Selección Nacional. Visto lo visto, yo si creo que lo indicado es la continuidad del Piojo Herrera. Es más, me atrevo a asegurar que lo veremos en el banquillo tricolor en Rusia 2018, a menos que sufra alguna alteración increíble en su personalidad, se aburguese y se encierre en si mismo. Ése fue el pecado del Chepo de la Torre, cuya soberbia y rigidez lo traicionó y lo llevó a tirar por la borda dos años de buenos resultados. Si Herrera continúa como se mostró estos seis meses, con esa habilidad para generar buena química en el vestuario y con una propuesta clara de juego, no veo por qué no darle la oportunidad de trabajar un proceso completo.

Lo que si, tengo que formular una sola observación, y creo que estarán de acuerdo conmigo. Más allá de sus incuestionables méritos, el Piojo falló en el mismo momento y en la misma forma que todos sus antecesores. El pecado fue muy simple, no arriesgar, no jugar a tope, no echar toda la carne al asador cuando era necesario para amarrar el juego y dar ese pasito que desde hace 20 años nos ha faltado. Al menos ya lo reconoció, ya dijo públicamente que faltó malicia para, al menos, conservar ese 1-0 cuando todo estaba a favor. Pero eso no justifica su error; también confesó que echó al equipo atrás y yo me sigo preguntando que pretendía con eso. En el fútbol, quien juega a no perder siempre pierde y más cuando hay diferencia de calidad entre los contendientes. Al Piojo se le olvidó que los logros que a últimas fechas ha tenido el fútbol mexicano se deben a que la Selección. en cualquier momento y en cualquier categoría, no bajó los brazos en el momento importante. Mi querido Piojo, ¿qué hubiera pasado si en vez de seguir jugando igual, el equipo se echa atrás aquella tarde de agosto en Londres porque al minuto 1 consiguió el 1-0? De seguro la medalla no sería de oro. ¿Y si en el 94 se hacen cambios agresivos o en el 98 no se entra en pánico por haber fallado un gol claro, y se sigue jugando igual? Tendríamos lo que hoy lloramos desde entonces. O sea que el famoso “quinto partido” no es tarea imposible, ni es una maldición eterna, ni tenemos porque conformarnos con los Octavos. Se trata de que en Mundial hay que disputar cada minuto al tope de tu capacidad. Los partidos tienen 90 minutos, no 48 ni 70. Si eres capaz de asimilar esta lección tan sencilla, seguro que eres capaz de ir más allá que otros y con suerte, hasta nos conviertes en un grande. En uno de esos que son capaces de ganar a pesar del arbitro y que nunca se entretienen culpándolo. De ti depende. Tienes el beneficio de la duda, y una oportunidad más para demostrar que a los mexicanos no nos tiemblan las rodillas. Ya fallaste una vez. Si nos arriesgamos a confiar nuevamente en ti, no lo tires por la borda. Mucha suerte.

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