Mais uma vez, agora no Brasil (II) (Daniel Ruelas)

Y se acabó. Una vez más, nos estrellamos en los Octavos de Final. Los malditos Octavos. Ahora por todo el país se alza el clamor de que fue un robo, que si Arjen Robben es un teatrero, que si las cuchilladas del árbitro….

Yo no estoy de acuerdo. Creo, aunque suene increible, que el equipo mexicano tuvo ni más ni menos lo que se merecía, la derrota. Me atrevo incluso a afirmar que hasta la forma de perder, tan cruel, era más que merecida. Y no lo digo a la ligera. Creo que México mereció perder por la misma razón que Chile el sábado pasado: porque no supo meter el partido al escenario que le convenía para poder ganarlo. Y tenía todo para hacerlo.

Vamos paso a paso. De entrada, puedo decir lo mismo que también se ha dicho en la prensa y agradecer a los jugadores, y declarar que, visto objetivamente, se hizo un Mundial aceptable. Puedo incluso ir más lejos y declarar que, en los últimos veinte años, el futbol mexicano ha dado un salto de calidad impresionante, al grado de que, tomando como referencia el año de 1993. de todos los torneos de cierta importancia avalados por FIFA, sólo nos faltan el Mundial Sub 20, la Copa América y desde luego, el Mundial de mayores, para presumir de haberlo ganado todo.

De 1993 a la fecha, hemos ganado una Copa FIFA Confederaciones, dos Mundiales Sub 17 y una medalla de oro olímpica. Completan el palmarés un subcampeonato Sub 17, un tercer lugar Sub 20, dos subcampeonatos y tres medallas de bronce en Copa América. Y desde luego, seis calificaciones consecutivas a Octavos de Final en Mundiales absolutos. Nada mal para un país que, antes de aquel año de gracia de 1993, era visto y con razón, como uno de los patitos feos del futbol mundial. Insisto, es indudable que algo hemos hecho bien a últimas fechas.

Pero también es indudable que nos falta dar ese brinquito que separa a los equipos buenos o muy buenos de los verdaderamente grandes. Y es frustrante, porque oportunidades no nos han faltado. Desde 1994, hemos desperdiciado al menos cuatro oportunidades claras de ir más allá de los octavos de final, con la consiguiente posibilidad de llegar verdaderamente lejos. Pudimos haberlo logrado, aunque tuviéramos enfrente equipos que nos superaban en potencial y calidad, como Alemania en el 98 o ayer Holanda. Y si no ganamos, no fue porque esos equipos nos aplastaran de repente. No ganamos porque tuvimos miedo a ganar. En las dos ocasiones que he citado teníamos la ventaja, y teníamos todo a favor para salir con la victoria. Pero en cierto momento, nos vinimos abajo y más que otra cosa, permitimos que nos pasaran por encima. Bajamos los brazos. Experimentamos la dolorosa paradoja de hacerlo precisamente cuando teníamos la ventaja. Cuando el otro equipo, por muy Alemania u Holanda que se llamara, estaba desconcertado y con el tiempo en contra. Era el momento de dormir el juego, de tener la pelota y de seguir preocupando al rival, para no darle tiempo a reaccionar. Pero no quisimos, porque no nos la creemos. Al parecer, nos asusta comprobar que si somos capaces de tener en la lona a equipos grandes o semigrandes. Y entonces perdemos la brújula. Por eso al final cargamos siempre con la derrota, porque en vez de matar la víbora preferimos jugar con ella y confiar en la suerte de que no nos morderá. Y yo digo que de esto no tiene la culpa el árbitro, por mucho que se insista en ello.

Termino diciendo que, como al menos en ciertos niveles ya se demostró que si se puede, para el ciclo mundialista que hoy inicia se debe trazar un plan de trabajo con objetivos claros y ambiciosos. No estaría mal establecer, así con todas sus letras, el objetivo de ser campeones del mundo Sub 20 en 2015 y de refrendar la obtención de una medalla en los Juegos Olímpicos de 2016, y considerar todo lo que sea distinto como un fracaso. Semejante proceder puede parecer pretencioso, pero para llegar alto hay que creérsela, aunque no caer en fanfarronerías baratas. A nivel de mayores, se podría empezar por aprovechar las fechas FIFA para pactar amistosos de alto nivel y por no bloquear las posibles salidas a Europa si se llegan a presentar ofertas por alguno de los jugadores que actuaron en Brasil, así como trazarse, también con todas sus letras, la obtención de la Copa América en Chile 2015. Y desde luego, no perder el rumbo y continuar con el trabajo que, de forma aceptable, se viene haciendo desde las categorías inferiores, para garantizar un equipo competitivo y compacto en Rusia 2018. Si hacemos todo esto, es muy posible que dentro de 4 años lleguemos al quinto partido y más allá a pesar de los árbitros. Mi querido Piojo, señores directivos: tomen nota de todo esto. Quizá les sirva.

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