La izquierda atravesada (Daniel Ruelas)

Izquierda. Una palabra que, aplicada a la política, siempre me ha producido cierta urticaria. Quizá es que yo la entiendo mal. Para mi la izquierda es sinónimo de lucha social, de defensa de las minorías, de posiciones sociales anticlericales y progresistas. Y no es que los dogmas de la izquierda no tengan sentido en si mismos. Muchos de ellos expresan propósitos deseables – y aún loables – para el buen funcionamiento de la sociedad. El problema de la izquierda es que nunca ha sabido trasladar sus buenos propósitos a la realidad tangible.

El caso de México es único. Oficialmente, nunca ha habido un gobernante “de izquierda” en la historia moderna de nuestro país. Lo curioso es que, desde hace casi cien años, siempre ha estado ahí, como un fantasma, dictando al oído de los Presidentes muchas de las políticas que se han aplicado a lo largo del siglo XX. La Revolución Mexicana y muchos de los principios establecidos en la Constitución de 1917 tienen su origen en las posiciones de la izquierda de aquel tiempo. El Gobierno de Cárdenas adoptó en muchas ocasiones posturas que, según la teoría política, corresponden a la izquierda. Y podríamos seguir el rastro hasta 1982, cuando hubo, para citar al propio Miguel de la Madrid, un “cambio de rumbo” muy evidente en la manera de conducir al país por parte del PRI. Un cambio de rumbo que, con sus altibajos, se ha mantenido hasta el día de hoy y ha permitido a México entrar muy lentamente en el camino de la modernidad.

La izquierda mexicana, por su parte, no ha querido modernizarse. Ni mucho menos reinventarse a si misma para ponerse a tono con los tiempos que corren. Ha permanecido estancada, obstinada, abrazada a dogmas que, en las democracias más avanzadas, serían tildados de obsoletos y guajiros. Quizá la falta de un auténtico lider moral sea una causa. Que yo recuerde, la izquierda mexicana nunca ha tenido una cabeza con la suficiente sensatez y con la suficiente estatura intelectual. Al contrario. Los líderes de la izquierda parecen empeñados en ir a contracorriente, enarbolando banderas que no tienen ya cabida en una sociedad como la nuestra. El caso más reciente es el berrinche de AMLO, por partida doble, al perder la Presidencia, O el delicioso debate que la izquierda ha armado en torno a la supuesta “privatización” de PEMEX. Sin olvidar los discursillos acerca de “el pueblo” ” el imperialismo” “la mafia derechista” y “la oligarquía”. Por lo demás están las habituales corruptelas y peleas fraticidas que, si bien no son exclusivas de los partidos de izquierda, agravan aún más una imagen de por si patética. Todo esto convierte a la izquierda mexicana en un triste espectáculo y le confiere una imagen de izquierda rancia, atravesada. Es una pena porque pese a todo, estoy convencido de que la existencia de una izquierda sensata constituye, como ya he dicho, un elemento primordial en el armazón de toda sociedad moderna. Deseo de todo corazón que la izquierda recapacite. De nuevo, por el bien de México

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