AMLO 2.0 (Daniel Ruelas)

Hace unos días, hablé sobre Josefina Vázquez Mota y las dudas que me provoca su proyecto político – o su falta de proyecto político – pese a lo novedosa que es en México la candidatura femenina. Creo que, en aras de la equidad, hay que repartir parejo. Por eso quiero ocuparme de quien tal vez sea el hombre más controvertido y más famoso de la historia moderna de mi país: Andrés Manuel López Obrador, AMLO.

Comienzo por declarar que, de los cuatro fántasticos, éste es el que peor me cae. Yo no suelo ser amigo de esos hombres que acomodan los hechos a la teoría, que padecen amnesia selectiva y que son sordos, ciegos y mudos cuando les conviene. No necesito recordarles que AMLO es así. A lo mejor él ya lo olvidó, pero habemos millones de mexicanos que recordamos perfectamente lo que pasó en 2006. Antes, durante y después de las elecciones. Desde la soberbia que caracterizó su campaña, con inasistencia al debate y “cállate, chachalaca” incluídos, hasta el desconocimiento sistemático de encuestas desfavorables y la obstinada afirmación de que “vamos 10 puntos arriba”. Faltaba lo peor. Vinieron la derrota, el berrinche, el jaloneo, el “al diablo las instituciones”, la toma de Reforma, la amenaza de sabotaje y la Presidencia “legítima” con el consiguiente ridículo y pérdida de capital político.

Ahora, no puedo creer lo que ven mis ojos. AMLO ha experimentado una catarsis casi mística y desde hace seis meses, ha abandonado su actitud agresiva para presentarse como un redentor compasivo y bondadoso que – para decirlo con sus propias palabras – nos “tiende su mano fraterna”. Dirán que soy especial, pero a mi el tipo no me inspira confianza. No me creo el cuento de la “república amorosa” pregonado por el señor López. Porque me parece cursi y poco practicable, pero sobre todo porque viene de quien viene. Me pregunto ¿este es el mismo hombre que mandó al diablo las instituciones, esas instituciones relativamente recientes y medianamente confiables que nos tomó décadas construir? ¿Es el mismo hombre que durante seis años ha repetido que fue víctima de un gigantesco fraude, sin poder presentar una sola prueba que avale sus afirmaciones? No es posible. No es fácil para un hombre abandonar sus convicciones y su manera de conducirse de la noche a la mañana. Tanto más si ese hombre lleva años persuadido de que él y sólo él posee la verdad absoluta, aún cuando la realidad se obstine en llevarle la contraria.

Lo peor de todo es que AMLO cambia la forma pero no el fondo. Ha modificado el discurso, lo ha suavizado, pero sigue fiel a su naturaleza y ésa es la de contradecirse a si mismo. Les pongo dos ejemplos. Él dice ser un demócrata y estar a favor de no prolongar el mandato presidencial más de seis años. La pregunta obligada es por qué participa entonces en las elecciones presidenciales. ¿Qué no era el presidente legítimo de México y que no subió al poder en 2006? Si es así – y es algo que él nos viene repitiendo desde hace un sexenio- no podría siquiera tomar parte en la contienda, toda vez que en México no se permite la reelección presidencial.

Por si fuera poco, AMLO sigue tan deconectado de la realidad como de costumbre. Basta con echar una ojeada a la retahila de despropósitos, inconsistencias y dislates que conforman su programa económico. De todas sus propuestas, la más sorprendente es la de abandonar la extracción de petroleo crudo para concentrarse en la construcción de refinierias. Tengo una pregunta, ¿ya le tomaron la temperatura al candidato? ¿será de que de veras tiene la capacidad de activar nauronas antes de mover la lengua?

Veamos. Según AMLO, hay que dejar de producir petróleo. Esta afirmación no hay ni por donde agarrarla. El petroleo es uno de los productos más rentables de la economia nacional. El valor de las exportaciones es enorme, y suspender la producción equivaldría a dejar de percibir ganancias que rondan los 500 millones de dólares anuales. Además de que, hasta donde recuerdo, en las refinerias se procesa petróleo crudo para convertirlo en derivados y comercializarlos. Me pregunto de qué van a servir las refinerias si no hay petróleo para trabajar. Colofón: Lopitos tampoco ha sabido explicar de donde saldrán los recursos necesarios para la construcción de las refinerias.  A lo mejor piensa que su tan traida y llevada reducción de sueldos a funcionarios públicos es la solución mágica. No me extrañaria.

Si Lopitos fuera una persona preparada, presentaría un plan para modernizar a PEMEX  y convertirla en una empresa eficiente, o nos propondría un modelo para diversificar la economía y eliminar, precisamente, la excesiva dependencia del petróleo que padecemos desde hace 35 años. Pero no. No hay que pedir peras al olmo. AMLO no  da para más. Fue, es y seguirá siendo un candidato de ocurrencias y no de propuestas lógicas . Por lo mismo, no me creo eso de su “república amorosa”. Si antes me parecía terco y paranoico, ahora me parece demasiado bueno, demasiado correcto, en exceso bondadoso. Y siempre he tenido presente aquel dicho que reza “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”.  Al tiempo

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Paul Krugman

Letras Hispano-Mexicanas

Aguas Internacionales

Letras Hispano-Mexicanas

periodismohumano

Letras Hispano-Mexicanas

A %d blogueros les gusta esto: