Confieso que he comido (también yo) I (Daniel Ruelas)

Es de admirar el acentuado barroquismo de la cocina mexicana”

J. Moreno Villa, Cornucopia de México

Dicen las malas lenguas que el buen comer es uno de los pocos placeres que duran toda la vida. Aún tomando en cuenta que he tenido una existencia breve – apenas rebaso los 31 años – puedo dar fe de la verdad absoluta e irrefutable: el comer, el buen comer, es un placer exquisito.

Declaro ante todo que soy mexicano de pura cepa. Y es que nacer en México es un verdadero privilegio para los que gustamos de la buena comida. Hay quienes dicen que nuestra cocina es demasiado condimentada y barroca. y que no es apta para cualquier paladar. Puede ser. Se tiene constancia de platillos mexicanos que se elaboran con más de 30 ingredientes, y el sazón típico, el famoso picante o chile, como lo llamamos aquí, es un reto para los estómagos no acostumbrados.

Sin embargo, debo decir que he viajado por el mundo y que en los viajes he observado el profundo respeto y admiración que, aún entre los menos entendidos, inspira el arte culinario mexicano. He tenido oportunidad de compartir, con mis queridos amigos españoles, algunas comidas en restaurantes mexicanos de Madrid y creo no equivocarme si digo que han salido satisfechos y con ganas de volver.

Y es que nuestra cocina ofrece un verdadero catálogo de platillos que son capaces, cada uno por si solo, de conquistar al paladar más exigente. Lo que más asombra, a mi entender, es la variedad. Hay 31 estados en México y si bien existen platillos que se han incorporado al imaginario de la buena mesa nacional, hay otros que son típicos de cada región y que le confieren una identidad bien definida.

Ennumerar todos los platillos que conozco sería tarea ardua y dificil. Me limitaré a mencionar algunos. De entre los de fama nacional, aquella mezcla espesa de dos clases de chocolate con las más diversas especias, inventado, según se dice, en el Siglo XVI en un convento de Puebla y que llamamos el mole; las muy diversas clases de tacos, discos de masa de maiz rellenos de distintos tipos de carnes y legumbres; la sopa de tortilla, con su queso fresco y su chile chipotle al gusto. Las enchiladas, tortillas rellenas de pollo y condimentadas con las salsas propias de cada región.

También he probado platillos de alcance más bien regional. Ahí están los chiles en nogada, rellenos de carne y frutas, y con su característica presentación que ostenta los colores patrios. La cochinita pibil, aderezada con achiote y cocinada bajo tierra, orgullo de Yucatán; el cabrito al pastor, platillo que recuerda el kebab turco y que se encuentra en muchos lugares de Monterrey; la ensalada Cesar, originaria de la fronteriza Tijuana; los deliciosos burritos al estilo Chihuahua, y esa creación tan original de mis paisanos campechanos que es el camarón con coco, aderezado con salsa de manzana….

Todo esto no es más que una cucharada muy somera de nuestra cocina, pero me atrevo a decir que basta para despertar la curiosidad de los de afuera, y el antojo de los entendidos. Puedo dar fe, a mis 31 años, de que es un placer decir: confieso que he comido (en México).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Paul Krugman

Letras Hispano-Mexicanas

Aguas Internacionales

Letras Hispano-Mexicanas

periodismohumano

Letras Hispano-Mexicanas

A %d blogueros les gusta esto: