El Gatopardo en México (Daniel Ruelas)

Señor Felipe Calderón: Cumpliendo con el mandato constitucional (me refiero a mi constitución de ser pensante) me atrevo a escribirle estas lineas. Lo hago en mi calidad de ciudadano responsable y hondamente preocupado por un país cuyo destino se antoja cada día más incierto.

Vengo básicamente a reclamarle, señor Presidente, el que no haya usted sabido aprovechar una buena oportunidad de sacar a México adelante. No la ha tenido usted fácil, lo sé. Son de sobra conocidas las dificultades que ha tenido que enfrentar, adentro y afuera. Las dudas sobre su legitimidad y los vaivenes de la economía son obstáculos de mucho peso.

Aún asi, señor Presidente, me parece que no se ha comportado usted a la altura. Por encima de todo, me asombra su absoluta falta de capacidad política. Como gobernante, como estadista, ha resultado usted un completo fracaso. Se ha dedicado cinco años a vagar sin rumbo, camino de ninguna parte, sin haber manifestado nunca ideas y objetivos claros. El mejor ejemplo es su gabinete. Ya perdí la cuenta de los cambios que ha efectuado desde su llegada al poder, y nombrando casi siempre a personas que cuentan con escaso o nulo conocimiento para desempeñar los cargos. Es curioso, señor Presidente, que haya criticado usted  “los viejos tiempos priistas” en los que cualquier persona podía hacer cualquier cosa en el sector público. Si me permite decirlo, creo que, nunca mejor dicho, ha mantenido usted intactas nuestras más entrañables tradiciones políticas.

También me asombra, señor Presidente, su falta de sentido común. Mucho se ha dicho ya con respecto a la famosa “guerra al narco”, que ha cubierto de sangre nuestro territorio. Y yo no quisiera quedarme con las ganas de aportar mi granito de arena.  No dudo de su buena fe. Creo que al declarar la guerra, pensaba usted acabar con un flagelo que, ni duda cabe, representa una seria amenaza para México. Me parece, sin embargo, que ha equivocado usted el método, y hoy por hoy los mexicanos vivimos sumidos en el miedo y la inseguridad. Todo esto sin contar que usted nunca nos ha definido el cómo y el para qué. Dicho de otro modo, no sabemos si vamos ganando, porque usted no tiene una idea clara de la victoria. Y el problema ahi sigue, más grave que nunca.

Asi las cosas, Señor Presidente, me permito manisfestarle mi decepción. Ya va usted de salida, y los mexicanos no vemos claro. Hace casi seis años, usted recibió un pais estancado y ansioso de salir de su letargo. Lo que nos dejará de herencia será un país más lastimado, más enfrentado consigo mismo, y con los problemas de siempre. Seis años perdidos, seis años en los que sus innumerables cambios de políticas, de colaboradores, y su obsesión por atacar un problema tal vez irresoluble no han arrojado resultados prácticos. Su gobierno me recuerda aquella famosa frase de Lampedusa: hay que cambiarlo todo, para que todo siga igual. Es una lástima

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